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Comprar comida deshidratada en México: qué fijarte antes de elegir

Comprar comida deshidratada en México: qué fijarte antes de elegir

Cuando preparas la mochila para salir al Iztaccíhuatl, al Nevado de Toluca o a La Malinche, cada gramo cuenta. Lo sabes bien: cargar de más cobra factura en las rodillas y en el ritmo de ascenso. Pero llegar a la cumbre sin energía es todavía peor. Aquí es donde entra la comida deshidratada.

Si buscas opciones para tu ruta, no te dejes engañar por empaques brillantes. En México hay mucha comida en cada esquina, pero no es lo que necesitas. Esos productos suelen ser pesados, difíciles de preparar en el cerro y generan basura estorbosa. La comida de montaña debe ser diferente. Necesitas algo ligero que te sirva allá arriba, donde no hay segundas oportunidades.

Vamos a revisar los puntos clave que debes considerar antes de elegir tu menú para la próxima ruta.

1. Revisa los ingredientes: ¿sabes qué estás comiendo?

La regla de oro es la simplicidad. Si tomas un paquete y la lista de ingredientes parece un experimento de laboratorio, piénsalo dos veces. Tu cuerpo necesita combustible real para subir, no rellenos químicos.

Fíjate en que los ingredientes sean reconocibles. Deberías poder leer cosas como “frijol”, “carne de res”, “jitomate” o “chile”, no códigos numéricos extraños. En México tenemos la ventaja de contar con sabores que nuestro estómago ya conoce y tolera bien.

Evita el exceso de sodio

Muchas marcas extranjeras cargan sus productos con sal para conservarlos o darles sabor. Aunque necesitas reponer sales minerales por el sudor, un exceso de sodio puede provocarte más sed de la necesaria, obligándote a consumir tus reservas de agua antes de tiempo. Busca un equilibrio.

2. Aporte energético: calorías vs. peso

No se trata solo de llenarse, se trata de nutrirse. En la montaña, tu cuerpo es un motor que quema combustible a un ritmo acelerado.

Al comparar opciones, haz una cuenta rápida: calorías por cada 100 gramos de peso.

Una buena comida de montaña debe ser eficiente. Si un paquete pesa 300 gramos pero solo te da 200 calorías, no vale la pena cargarlo. Buscas densidad calórica. Lo ideal es que obtengas la mayor cantidad de energía con el menor peso posible.

Carbohidratos y proteínas

  • Carbohidratos: Son tu gasolina inmediata. Necesitas que la comida tenga una buena base de arroz, pasta o tortilla para mantener el paso constante.
  • Proteínas: Ayudan a la recuperación muscular. Si tu salida es de dos días o más, la proteína es vital para que al día siguiente tus piernas respondan.

3. Facilidad de preparación en campo

Estás a 4,000 metros de altura, hace frío, tienes los dedos entumidos y el viento sopla fuerte. Lo último que quieres es una receta complicada que requiera tres ollas y 30 minutos de cocción.

Lo práctico gana siempre. Antes de comprar, verifica el método de preparación:

  • ¿Solo requiere agua hirviendo? Esta es la mejor opción. Hierves agua, la viertes en el sobre, cierras y esperas. Sin ensuciar trastes.
  • ¿Cuánto tiempo tarda? Entre 10 y 15 minutos es el estándar aceptable. Más tiempo significa gastar más gas de tu hornilla.
  • ¿Necesitas recipientes extra? Si el empaque no sirve para hidratar la comida ahí mismo, tendrás que llevar un plato o tazón y lavarlo después (gastando agua valiosa y enfriándote las manos). Busca empaques que sirvan de recipiente.

4. El factor saciedad y sabor

Comer en la montaña también es un tema de moral. Un plato caliente y sabroso puede cambiarte el ánimo por completo después de una jornada dura bajo la lluvia o el granizo.

Aquí es donde el origen importa. Muchas opciones importadas tienen sabores que, aunque son buenos, a veces no caen bien en el estómago mexicano o simplemente no “llenan” igual. Unos chilaquiles o un guisado con sazón local no solo alimentan el cuerpo, reconfortan la mente.

Pregúntate: ¿esto realmente me va a quitar el hambre? Busca porciones pensadas para deportistas, no para picar. Si el paquete dice “porción para 2” pero son 300 calorías en total, asume que es una porción para una persona con hambre de cumbre.

5. Origen y frescura

Comprar comida deshidratada hecha en México tiene ventajas logísticas. Los productos importados a veces pasan meses en contenedores y bodegas antes de llegar a tus manos. Una producción local suele garantizar una fecha de elaboración más reciente.

Además, al elegir opciones nacionales, estás apostando por sabores diseñados para nuestro paladar y nuestras costumbres. No es lo mismo un “spicy stew” gringo que un guisado con el picor exacto que te gusta.

6. El peso del empaque

Parece un detalle menor, pero todo suma. El empaque debe ser resistente para aguantar el trato rudo dentro de la mochila, pero ligero. Evita las latas o envases rígidos. Las bolsas (pouches) son el estándar porque protegen el alimento de la luz y la humedad, ocupan poco espacio una vez que te terminas la comida y pesan casi nada.


Resumen para tu próxima compra

Antes de pasar la tarjeta, haz este checklist rápido:

  1. Ingredientes: ¿Son comida real?
  2. Energía: ¿Me da suficientes calorías para lo que pesa?
  3. Preparación: ¿Es solo agregar agua y listo?
  4. Sabor: ¿Se me antoja comer esto cansado y con frío?
  5. Practicidad: ¿Puedo comer directo del envase?

Elegir bien tu comida es parte de la planificación de la ruta. Una buena elección te asegura energía constante, una mochila ligera y un buen momento de descanso en el campamento. No se trata de sufrir, se trata de disfrutar la montaña con la panza llena y el corazón contento.

¿Tienes dudas sobre qué menú llevar a tu próxima salida al Iztaccíhuatl? Échale un ojo a nuestras opciones de kits de fin de semana, pensados justamente para resolverte la vida durante tu aventura.

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